domingo, 17 de agosto de 2014

La Sombra y la Estrella (Serie Victorian Hearts 2)

Fabio, me encantas
pero no eres Samuel

No hay hombre más irresistible que Samuel Gerard. Joven, guapo, cultivado y rico, no hay mujer que no se fije en él y no quede prendada de sus encantos. Pero Samuel parece no reparar en la admiración que despierta a su paso. Sin duda, el recuerdo de su difícil infancia sigue persiguiéndolo. Samuel fue un niño abandonado que, al fin, fue rescatado por lady Tess Ashland, que lo trató como a un miembro más de la familia. Hoy Samuel solo desea una cosa: conseguir el amor de Kai, la hija de los Ashland. Cuando llegan a Londres para los festejos del jubileo de la reina Victoria visitan una renombrada casa de modas. Allí trabaja Leda Étoile, una dama inglesa que lo ha perdido todo y ahora se gana la vida atendiendo a lo más selecto de la sociedad londinense. Leda se fija en Samuel no sólo por su irresistible encanto, sino porque tiene la impresión de haberlo visto antes. Así es como el lector conocerá la personalidad oculta de este joven: un ladrón que Scotland Yard busca desde hace tiempo, alguien que actúa de forma peculiar. Un personaje extraño que en verdad, más que robar, parece buscar justicia para los niños que como él han sido abandonados. Entre Leda y Samuel se establece un vínculo basado en un secreto, una complicidad en la que la pasión acabará abriéndose paso.


Por favor, que le hagan un monumento ya a Lisa Kleypas y a Laura Kinsale. Ah, pero si ya lo tienen. Es éste:



Y dirán ustedes: WTF??? No me tiren piedras, no me juzguen mal. Este monumento es merecidísimo. Porque, señoras y señores, estas dos autoras crean unas historias y unos personajes que, como dice mi querida Kim, se mean literalmente en capullos como el Grey y sus traumas mal resueltos. No nos vayamos a los atormentados clásicos de los que beben todos los macizorros de la novela romántica de hoy, es decir, Thornton, Rochester, Darcy y hasta mi odiado Heathcliff. Hablemos de Derek Craven o del protagonista de la novela que hoy nos ocupa: Samuel Gerard. De verdad, qué máquinas son estas mujeres para inventarse unos hombres tan complejos, tan llenos de traumas, pero menudos traumas, sobre todo en el caso de Samuel. Si ya nos sorprendió Laura Kinsale con el submundo de Londres en El corazón escondido, ahora nos lleva más allá con una víctima del mismo... Hijo mío, Grey, lo tuyo es un chorrada en comparación con lo vivido por el pobre Sammy. Y a él no le da por ir de dominante petardo. Su halo de misterio es mucho más atrayente que el del muchimillonario que dice que folla duro y tal. Y sin necesidad cuartos rojos del dolor ni tontunas así. Además, con un libro nos basta para saber presente, pasado y futuro. ¡Basta de trilogías para no contar nada! (Si no, que se lo digan a Kim, que las sufre en silencio).

Kim tras leer la última trilogía erótica del mercado

Este Samuel es físicamente un dios, eso es imprescindible (para tíos feos ya está el mundo real, qué leches), pero tiene una especie de aura de frialdad y autocontrol algo rara, fruto de una educación muy estricta y basada en la ancestral sabiduría de las artes marciales del Japón. Todo esto lo vamos sabiendo a través de unos capítulos a modo de flash-backs que Kinsale inserta de forma magistral y nos hacen entender su manera de ser sin llegar a descubrir nunca del todo qué es lo que atormenta tanto a Samuel, aunque habiendo leído El corazón escondido lo sepamos. Eso no impide que la autora nos enganche con ese pasado de desgracia y su superación con la disciplina japonesa. Por otra parte, Lady Tess, la protagonista de la otra novela y su salvadora, lo adora y lo trata incluso mejor que a sus propios hijos, y él, a su manera, la quiere, pero no sabe expresar sus sentimientos y responde al amor de Tess con devoción, agradecimiento y hasta sentimiento de culpa porque cree que no merece ser amado debido a su origen. Esa parte de su vida es la gran carga que lleva consigo y que siente como un peso que sólo puede hacerle daño a él y a los que le rodean. Por esa razón no desea que nadie sepa de ese pasado. Juro que leyendo ciertas partes he llorado, queridas lectoras. No sé si serían mis hormonas, la cacareada súper luna que hemos tenido o qué, pero incluso ahora se me saltan las lágrimas escribiendo esto. Porque Samuel es MARAVILLOSO. Y punto.


Así todo el rato, lo juro

Una cosa que también me ha conquistado de Samuel es su inseguridad en cuanto a cómo relacionarse con una mujer. Cuando una lee otras novelas de este tipo, sobre todo las de los highlanders de KMM, siempre nos tropezamos con tiorros que saben más que el Lepe en lo que a orgasmos femeninos se refiere. Aquí nada de nada, por no saber no sabe ni besar. Todo es raruno y muy interesante a la vez. Y ya la puntilla es cómo se dirige a Leda, todo el rato "señorita Étoile" y yo buscando mis bragas cada dos por tres. Entre el Barrons con su "señorita Lane" y éste, Kim y yo andamos locas. De nuevo nos acordamos del "señorita Steele" del Grey y nos partimos, porque no nos removía nada, las bragas como pegadas con Loctite a nuestros traseros.


Es leer lo de "señorita Étoile" y...

¿Y qué hay de la chica? Como Samuel, Leda tiene un pasado incierto, fue recogida por una dama que la educó en las más estrictas normas de etiqueta del momento y, como mujer de su época, no tiene ni idea de hombres. Eso me ha gustado, porque ella no sabe ni qué son los tirantes ni cómo se desviste a un caballero. Si algo hay que reconocerle a la Kinsale es que sabe documentarse. Mientras con Maddy, la protagonista de Flores en la tormenta, nos sumergió en la mentalidad cuáquera haciendo que su personaje nunca abandonara sus creencias, en ésta nos presenta a una muchacha que no tiene ni idea de sexo, no sabe cómo responder a sus impulsos eróticos ni nada parecido. Lady Tess se salta esa norma porque no fue educada en un ambiente normal, mientas que Callie de El profesor de francés es harina de otro costal y tendrán que descubrir por qué en su correspondiente reseña. Todas tienen carácter, eso sí, pero sin necesidad de griteríos en plan "tengo mucho carácter y por eso te chillo". ¿Acaso Jane Eyre, por recurrir al clásico, no tiene los ovarios como campanas con sólo diecinueve años y no grita ni una vez al señor Rochester? Las hay que han sabido inspirarse  y sin necesidad de plagiar. Bravo por Laura Kinsale.
Me ha hecho gracia leer malas críticas de esta novela en Goodreads con argumentos tales como que lo de que él sea una especie de ninja es ridículo o que es un egoísta que sólo piensa en él, mientras que de Leda apenas sabemos nada y nadie se preocupa y le dice "mi querido señor" hasta el final, lo que denota una especie de sumisión. WTF???????????????? Sobre gustos... Lo mismo las lectoras que critican esto estarán encantadas con el Grey, que protege tanto a Anastasia que no la deja ni a pie ni pata y la obliga a muchas gilipolleces. Yo es que no puedo con la vida, en serio. ¿Alguien sabe a qué pijo se dedica Grey Enterprises Inc.? Pues en una sola novela vamos a saber cómo se forma la personalidad de Samuel y a qué se dedica, señora E.L. James, porque es un componente fundamental del argumento (y es que aquí hay historia y no sólo follisqueo). Además, da tiempo a que haya el suficiente calorreo para que no canse ni tampoco se eche de menos. Vale, sí, que esta novela no es erótica, pero la suya tampoco, a ver si nos enteramos. Que es más rosa que Corín Tellado.

Grey intentando mearse en Samuel

Por todo esto, en nuestro Gandymetro obtiene...

Samuel, yo te curo el trauma

3 comentarios:

  1. Jajajajajajajajajajajajjaj, no puedo con la vida, qué reseña más maravillosa!!!! Samuel se mea en Grey mil veces! Qué personaje, es de esos que deja huella, al menos a mí me la ha dejado. La Kinsale es una maestra por completo, hay que postrarse ante ella.
    Una pena esas críticas que comentas (que no tienen razón XDDDDDDDD)
    Besotes y enhorabuena!!!!

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  2. La reseña es de mearse (nunca mejor dicho). ¡Qué labia la tuya!

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  3. Gracias por comentar, chicas. Me ha quedado muy burra, pero es que aquí no hay medias tintas XDDDD

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