lunes, 28 de marzo de 2016

El Príncipe Cuervo (Tetralogía Príncipes 1), Elizabeth Hoyt


Edward de Raaf, conde de Swartingham, necesita con urgencia un secretario que ponga orden en sus caóticas finanzas. El problema es que, con su carácter, espanta a todos los candidatos. Para Anna Wren el puesto es la solución a sus problemas, después de enviudar de un marido infiel y quedarse en la ruina. La atracción entre ambos personajes queda patente desde el primer momento, aunque Edward no parece muy dispuesto a dejarse llevar por ella. Cuando Anna descubre que el conde es habitual de un conocido burdel de Londres, decide poner en marcha una pequeña mascarada. Porque en el juego de la seducción, no existen reglas.



Tras un diálogo internetero con Elsa Bravante (@Elsabravante) donde nos desahogábamos sobre cierta autora patria y best-seller que he intentado leer pero va a ser que no, ella me recomendó El Príncipe Cuervo con todos los riesgos que implica eso. Porque si a ti te encanta una novela y otra persona la pone verde, te fastidia mucho, ¿a que sí? 


Lúthien aka @lucihawke y yo discrepando amigablemente sobre "Flores en la tormenta"

Nada más empezar, ya vi que el primer encuentro entre los dos protagonistas estaba claramente inspirado en Jane Eyre (que se me va a escapar eso a mí, vamos): mujer por un camino lodoso, perro que se aproxima, jinete (llamado Edward, como Rochester) que se cae por culpa de la fémina y le suelta a la pobre cuatro frescas con su mala leche. "Vale", me dije, "esto puede estar bien si el resto de la trama no es una copia de la inmortal obra de Charlotte Brontë." Y no, desde luego, porque hasta ahí el parecido.



Para empezar, se ambienta en el siglo XVIII, concretamente en 1760, así que nada de hombres de la Regencia calaveras o con un palo metido por el culo ni jovencitas en salones de baile. Anna Wren, la protagonista, es una viuda de treinta y un años que lleva seis sin marido y siete sin darle a la coyunda. Su matrimonio no fue al final como para tirar cohetes y, encima, su situación económica actual no es buena. Por ello decide emplearse como secretaria del conde de Swartingham, que resulta ser el jinete con el que tiene el encontronazo. Habemus lío.


Edward de Raaf es, por su parte, un hombre con muy mal genio y me ha hecho mucha gracia cómo lo ha llevado la autora: es un malhablado, tiene un criado respondón que lo saca de quicio y se le va la pinza con las cosas que le responde Anna, algo que en el fondo le gusta porque no es una simple mujer florero. También es viudo y necesita un heredero, pero Anna no le va a valer porque parece ser estéril, ya que no tuvo hijos en su anterior matrimonio. Además, Edward ya se ha buscado a una jovencita londinense para casarse con ella y procrear, pero la boca sensual de la viuda lo tiene obsesionado y con la boa yendo por su cuenta cada vez que la mira.



Mas no creáis que todo es así tan fácil. La primera impresión que se llevan el uno del otro es lo contrario al instalust: ella se fija en que tiene la cara llena de señales de la viruela y de guapo nada, y él la ve bastante feúcha, aunque, como he dicho más arriba, le gusta su boca. Y una se pregunta que qué protagonistas son estos. Pues unos que, conforme vas leyendo, te da igual si son feos o guapos, la verdad. Que él tenga cicatrices horrendas en su rostro no impide que luego luzca un cuerpazo y un pechote peludo de caerse de culo, por ejemplo. Además, lo de menos es si están buenos o no, ya que lo importante es cómo Edward se pone cachondo de pensar en la viudita o que a Anna empiece a gustarle el conde y se le remuevan las enaguas tras años de luto y abstinencia bajeril.



¿Cómo se remedian, pues, estas ganas de ambos de darle alegría el cuerpo? Pues, en el caso de él, de una manera fácil y hasta bien vista: nos vamos a un prostíbulo de lujo y nos desfogamos. Pero, ¿y ella? Anna se plantea una realidad que aún planea por nuestra sociedad tan moderna: las mujeres no tenemos las mismas necesidades sexuales que los hombres y mucho menos nos urge satisfacerlas (sí, aún hay algún troglodita que piensa así). Imaginad para una viuda del siglo XVIII lo que puede ser eso: a pan y agua xixil. Hasta que Anne se planta y dice que nanai... ¿Queréis saber qué se le ocurre? Pues no os lo voy a decir porque para mí es lo mejor de la novela. 



A lo mejor puede parecer inverosímil, pero yo con esa parte lo he pasado pipa y no me resulta tan descabellado que se hicieran este tipo de cosas. Esos momentos han sido muy sensuales, con Anna llevando la voz cantante y sintiéndose libre por una vez en su recatada vida de viuda de campo. Aunque, claro, no todo va a salir como ella pretendía y el pisto que se va a montar va a ser un rato gordo. 


Las grandes virtudes de la historia son sus dos protagonistas y cómo llevan su relación, que Edward sea un hombre de su época (un terrateniente inglés del XVIII preocupado por asuntos agrarios, ya que estamos en la Revolución Agrícola) y los encuentros añldjañlsdjfasñdfsskjd del principio más un plus de momentazo onírico que tela marinera. Los "peros" para mi gusto están en un cierto abuso del sexo hacia la segunda mitad de la novela, los fragmentos del cuento El Príncipe Cuervo (muy parecido a La Bella y la Bestia y al mito de Eros y Psique) que no sé qué tienen que ver con cada capítulo, que el gran enredo se solucione un poco tontamente, algunos términos que no me cuadraban y expresiones que quiero creer que son obra del traductor (¿"Jolines" en el siglo XVIII?). Con todo, se lee de una sentada y se disfruta mucho con la relación entre Edward y Anna. 

Por todo esto, recibe en nuestro Gandymetro...


Edward, te doy medio Gandy más si nos vemos en la Gruta de Afrodita


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martes, 22 de marzo de 2016

A Sir Phillip, con amor (Serie Bridgertons 5), Julia Quinn


¿Es posible enamorarse de alguien a quien no has visto nunca? Eloise y Phillip están a punto de descubrirlo. Ella, la pequeña de la familia Bridgerton, acude a casa de él cuando, después de un año de amistad por carta, recibe su sorprendente oferta de matrimonio. Eloise está dispuesta a acabar con su soltería, pero su soñado pretendiente no acaba de encajar con la imagen del hombre que la espera: no sólo es rudo e introvertido, muy ditinto de los caballeros londinenses a los que está acostumbrada, sino que -algo que olvidó mencionar en sus cartas- tienes dos niños de ocho años que, desde la muerte de su madre, se han convertido en auténticos diablos. Pero Eloise es una Bridgerton, y no se rinde fácilmente: no se ha criado con siete hermanos para dejarse vencer ahora por dos pequeños malcriados. Phillip, por su parte, tan sólo quería una esposa y una madre para sus hijos, pero la aparición de Eloise le promete mucho más: un futuro llenos de pasión y emociones... y el final de la vida tranquila y sosegada que, hasta hace poco, confundía con la felicidad.


A ver que me ajusto el corsé, me coloco las enaguas, me subo las medias y me bajo las br*g*s que voy a ponerme con mis nadismos guarreriles favoritos, los Bridgerton, esa familia con una genética maravillosa en la que todos los hombres están buenorros y todas las mujeres están un poco locas (herencia de la madre, claramente). Y es que, como bien me recordó nuestra sweetie Blackmagicrose, "¡los tienes abandonados, jodía!". Totalmente cierto, fue leer la historia de mi Colin y dejarlos de lado porque, claro, a mí, después de él, esa familia me la pela Columela.


¡Ya, ya, ya! Me avergüenza ese comportamiento tan poco propio de mí porque ya sabéis que a mí MeCaben muchos pero mis entretelas no querían más. Y fatal por mí, lo sé, porque además la historia de Colin se entremezcla sutilmente con la de Eloise, de tal modo que te deja ya picada para coger este libro. Y es que yo pensaba que tras la croquetabilidad suprema de Seduciendo a Mr. Bridgerton el hostión en el siguiente libro iba a ser considerable.


Vamos, pero ni fruta idea

Eloise Bridgerton no se calla ni bajo el agua. No es que lo haya intentado (hablar bajo el agua, digo) pero estoy segura de que sería capaz de hacerlo si físicamente fuera posible. Uno podría pensar que el hecho de que siga soltera con veintiocho años tendría que ver con esa capacidad para el blablaísmo sin fin, pero sus seis propuestas de matrimonio rechazadas revelan que pretendientes no le han faltado. Lo que le pasa a Eloise es que no tiene necesidad de casarse, sabe que lo hará y que lo hará bien. Y si no lo hace siempre podrá estar descojonándose del universo con su amiga Penelope, otra solterona como ella. Aunque claro, el hecho de que Penelope se casara y la dejara sola no entraba en sus planes. Y ahora está triste, desubicada y sola. Y esa situación lleva a medidas entre rarunas y desesperadas, como escaparse de casa para conocer a un viudo que le pide matrimonio sin conocerla.

Soy Eloise y así de loca estoy, chatas

Sir Phillip Crane es un botánico viudo y padre de dos gemelos a los que no es capaz ni de entender ni de controlar. Él estaba destinado a otras cosas pero la vida tenía otros planes para él y se encontró casado y con dos hijos viviendo una vida poco feliz, algo que no mejoró cuando se quedó viudo. Necesitaba rait nau una madre para sus hijos, una mujer a la que poderle endiñar el cuidado de los monstruítos. Su boa también tenía ciertas necesidades a las que él no les hace ni caso pero, claro, eso es hasta que Eloise entra en su vida. Y entonces la mente y en la vida tranquila del señor Crane se ponen patas arriba, justo como nos quedamos nosotras cuando Phillip decide demostrarle a Eloise que pueden casarse y tener una buena vida y acoplarse perfectamente.


Ejemplo de acoplamiento enagüil

Y básicamente ya sabéis todo lo que hay que saber de la novela.



¡Eh! ¡Que esto son enaguas de Julia Quinn, a ver si vais a creer que es Lo que el viento se llevó! Aquí chicha, la justa, esto es nadismo puro y duro. Claro que tiene su cosica pero que eso no nos vaya a distraer ahora de lo que vamos buscando: una bonita historia de amor con sus aljdghljfgasdjgfsl y su poca profundidad. ¿Te entretiene? ¡SÍ! ¿Te da calorcito en las partes necesarias? ¡SÍ! ¿Sale Colin? ¡¡SÍ!! ¡Pues entonces no pidamos más y hagamos la croqueta!


La croqueta de las enaguas

Eso sí, echo de menos el humor que me enamoró en El duque y yo. Aunque Julia Quinn es especialista en situaciones y diálogos graciosos, me falta mi buena dosis de risas. Ésta es una historia más romántica (aunque no por ello peor, ojo) lo que pasa es que en esta serie espero siempre un poco de descojone. Y también echo de menos a lady Whistledown, aunque ya sabemos que ésa ahora no tiene el xixi para los farolillos de los demás (bastante tiene con los suyos propiosakjfdhklajhfjdf). Y hablando de farolillos y xixis, aquí sexo hay el justo. A ver, para mí nunca hay suficiente pero éste es el perfecto para este libro (y puesto en los momentos adecuados). El proceso que sufre Phillip en sus bajos entretelares ante la perspectiva de meter la boa en caliente es absolutamente normal y propicia sus buenos ratos de descojone, aunque la chispa del enamoramiento es un poco forzada para mi gusto. Pero también os digo que no te pones a leer estos libros buscando realismo, te pones buscando un cuento de amor y poco más. Para pensar y cagarme en tó sufriendo ya tenemos otros libros y no son los de la Quinn.

¡Y dame buenos raticos!

¡Vivan las enaguas nadistas de la Quinn! Ya sé que me repito más que el ajo pero si coges un libro y ves que a lo tonto no lo puedes dejar tal vez ese libro te esté gustando más de lo que te estás dando cuenta y eso es justo lo que me ha pasado aquí. Este libro es como ese chico normal con el que te pones a hablar y que se destapa como una maravillosa compañía y como un melofó encubierto que te deja la sonrisa en la boca y las enaguas vueltas. Ni la historia es un pisto de cuidado ni Julia Quinn tiene un estilazo escribiendo que te deje loca pero, para mí, ha sido un libro sorprendente, distinto a lo que esperaba, muy fácil de leer y bonito. Y como no le pedía nada, me ha encantado.

Por todo esto se lleva en nuestro Gandymetro...


Phillip, vente, chato, que nos adaptemos un rato


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viernes, 18 de marzo de 2016

Edenbrooke, Julianne Donaldson


Marianne Daventry haría cualquier cosa para escapar del aburrimiento de Bath y las atenciones amorosas de un cretino que no le interesa en absoluto. Así que cuando le llega una invitación de su hermana gemela, Cecily, para que se una a ella en una maravillosa casa de campo, aprovecha la oportunidad. Por fin podrá relajarse y disfrutar del campo, que tanto le gusta, mientras su hermana se las arregla para librarse de las atenciones del guapo heredero de Edenbrooke. Sin embargo, Marianne acabará por descubrir que incluso los mejores planes pueden salir mal: primero será un aterrador encuentro con un salteador de caminos, después un coqueteo aparentemente inofensivo... el caso es que, al final, Marianne se verá envuelta en una inesperada aventura llena de intriga y de amor, tan apasionante que no podrá dar descanso a su mente. ¿Será capaz de controlar su corazón traidor o caerá rendida ante un misterioso desconocido? Está claro, el destino quiere para Marianne algo distinto a lo que ella había planeado al ir a Edenbrooke.
Goodreads ❤  Amazon


Terminé de leer Yo antes de ti para que no me chafaran la historia con ese demencial tráiler que han hecho y me dije que ahora qué me echaba al cuerpo. A La Guardia de los Highlanders quiero visitarla poco a poco para ir digiriendo tanta columna marmórea y no empacharme de tíos musculosos. Así que me fui a mi To-Read de Goodreads (al que nunca hago caso) y vi por ahí Edenbrook. 

El libro flipando por haber sido elegido

Nada me gusta más que entrar en una novela enagüil sin tener ni pajolera idea de la trama. Lo primero que me llamó la atención es que fuera en primera persona. Las escritas de este modo últimamente suelen ser más las de contemporánea y a veces te dan ganas de arrancarte los ojos porque es como si estuviera protagonizada por la autora y hasta la oyes y te la imaginas haciendo todas las guarradas que describe y AAARRRRRRRGGGGG!!! 


Pero aquí, gracias a Dios o a Charlotte Brontë que es lo mismo, no vamos a querer pegarnos un tiro con esas cosas. La protagonista es una chica de diecisiete años, Marianne Daventry, la cual vive con un sentimiento de culpa por la muerte de su madre en un accidente y siente el abandono (algo exagerado para mi gusto) de su padre, mientras que su hermana melliza, Cecily, lo tiene todo: belleza, saber estar en público, moverse como pez en el agua entre pretendientes... Además vive en Londres, mientras que a Marianne le toca aburrirse en Bath con su abuela y su stalker pesado. Cecily está a punto de liarse con un rico heredero al que le ha echado el ojo, así que aún más perfección a añadir a su persona, cosa que a Marianne a veces le repatea los higadillos. Ella es más torpe, le gusta estar por ahí dando vueltas (literalmente) y la vida en el campo. Por eso, cuando la invita su hermana a acompañarla a Edenbrook, la casa rural de la familia del citado rico heredero, no ve el momento de salir de Bath.

¡Aunque sea en la baca el coche!

Pero no va a ser todo llegar y ya está, sino que va a vivir una pequeña peripecia gracias a la cual conocerá a un tipo bastante peculiar, además de guapo y algo misterioso. Yo, que soy una rancia como bien sabéis, estaba encantada leyendo esta novela muy a la antigua usanza. Su referente más lejano sería Jane Austen y el más cercano Georgette Heyer, que fue la que tomó a la primera y le dio un toque "moderno" antes que otras. Como en las obras de estas dos autoras, hay un poco de enredo inocente, identidades equívocas, enamoramientos que luego serán un fiasco... Marianne me pareció un personaje bastante acorde a la época. A diferencia de su mundanal hermana, ella no sabe nada de galanteos ni de flirtear con hombres. Su abuela la anima a ir a  Edenbrook para que se forme en esas lides y sea una dama de sociedad, pero ella ve con malos ojos cómo Cecily le cuenta, por ejemplo, que los calaveras son los que mejor besan y el tonteo que se lleva con uno de ellos al mismo tiempo que le hace ojitos al heredero. Insisto: yo soy una rancia y me identificaba con Marianne frente a su hermana, porque ¿qué es eso de ir por ahí pegándose morreos con cualquiera, eh, EH?

Y a mucha honra, querido

¿Y cómo es el protagonista masculino de esta novela? Philip es ññasdkfañskdjfñaskdjfasañ, con un sentido del humor elegante, toma el pelo a Marianne con gracia, le dice unas cosas que POR FAVOR (a mí se me caían las enaguas a veces), pero es un caballero de la cabeza a los pies, a pesar de la supuesta mala fama de donjuán que tiene. Él se queda prendado desde el principio, pero Marianne no sabe de qué va el rollo porque es muy inocente. Y todo el jugueteo que se da entre ambos es sin traspasar las normas sociales, nada de te agarro y te planto una comedura de tetamen que te dejo tonta pa los restos (que seguro que ganas a Philip no le faltan), ni hay instalust (ella lo ve guapo, pero nada de sentir calores xixiles, ni palpitaciones en los bajos ni cosas así). 

Mi ranciedad y yo haciendo la croqueta como Kim

Y diréis que me contradigo si, al leer otras de mis reseñas, critico la falta de añdfjasñdkjfs o digo que disfruto con los momentos guarrindongos, pero cuando una novela está bien montada en un estilo concreto como lo está ésta, chapeau a que no se eche de menos el perraquismo guarreril. La propia autora dice que, si bien Jane Austen estaría encantada con el legado que ha dejado, también preferiría que se diera más importancia al amor y menos a la lujuria. No me echéis los perros aún, pero en cierto modo le tengo que dar la razón. Que hay novelas en las que todo empieza con ganas de trocotró (y en cuanto te descuidas ya tiene la prota el vestido por los sobacos) y luego si eso nos enamoramos y hasta nos amamos pa los restos entre polvete y polvete. Unas lo hacen muy bien (¡y me encanta!) y otras no tanto. Así que esta autora me ha sorprendido por la sencillez sin pretensiones y por homenajear a quien hay que hacerlo, Jane Austen, y no como otras que sólo se les ocurre hacer el homenaje al Grey (paradme que ya sabéis que la vena del cuello me explota). Resumiendo: no por casualidad Edenbrooke se subtitula A proper romance, porque no puede ser más apropiado o, si queréis, más rancio (dicho esto con cariño).

Por todo eso, merece en nuestro Gandymetro...


Philip, eres adorafollable


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lunes, 14 de marzo de 2016

Caballo de Fuego: París (Caballo de Fuego 1), Florencia Bonelli


Eliah Al-Saud es un hombre excéntrico y poderoso, emparentado con la familia reinante de Arabia Saudí. Vive en París y dirige una empresa de seguridad que, en realidad, oculta actividades de defensa y de espionaje ofrecidas al mejor postor. Matilde Martínez es una joven pediatra argentina que sueña con curar a los niños más desfavorecidos y trabajar para una ONG en el África. El destino la pondrá en el camino de Eliah y será en París donde la atracción que se inspiran los unirá. Sin embargo, los secretos que ambos guardan celosamente pondrán en riesgo no sólo su amor, sino sus vidas. En el marco del siempre latente conflicto palestino-israelí y con una amenaza atómica como telón de fondo, Matilde y Eliah vivirán una aventura que los llevará a recorrer el mundo y los enfrentará a los peligros que acechan a quienes se atreven a desafiar a los imperios dominantes.


Me acomodo el cardado y abro Caballo de Fuego. París con esa ansiedad que producen los libros que mueres por leer. Y sí, ya sé que he tardado pero de verdad que tenía muchas ganas de ponerme con esta historia, sobre todo después de conocer la de los padres del protagonista en Lo que dicen tus ojos, la precuela. No es por nada pero ya se puede emplear bien Eliah para que me guste más que su padre Kamal...


Que lo sepas, Kamal Al-Saud

Eliah Al-Saud es un hombre serio, taciturno y misterioso. Viniendo de la familia que viene muy normal no iba a ser pero lo suyo es ya de traca. Con 31 años tiene un pasado turbio y triste, igual que su presente y su futuro. Y es que básicamente es un mercenario que se vende al mejor postor. Pero, eh, nada de verlo como Stallone, ja, ya quisiera el cachocarne de disturbing cejas. Eliah es un maromazo de ojos verdes y uno de los dueños de una empresa militar privada, se desplaza en avión privado, va de traje y tiene todos los lujos a su alcance. Así fue educado y así es como ve la vida, a todo trapo pero llena de peligros, de intrigas, con la muerte a la vuelta de la esquina. Eliah vive sumido en una especie de oscuridad que ni él mismo ve hasta que conoce a Matilde Martínez, una cirujana pediátrica que llena de luz la vida de todos los que la conocen (y que también está muy relacionada con otros personajes de Lo que dicen tus ojos *Kim hace la croqueta*). Y es que Matilde, que las ha pasado canutas, vive para ayudar a los demás. Justo Eliah la conoce cuando ella va a París a prepararse para ir al Congo y su belleza y su pureza y sus tetas le llenan de luz y fuego interno, ya que despiertan en él sus instintos más ocultos e incontrolables, su boa Caballo de Fuego.


Se dicen los bajos de Eliah y Matilde mutuamente

Pero el Caballo de Fuego tiene que aprender a tratar a Matilde, que no es una zorrupia de ésas a las que Eliah está acostumbrado (ay, la zorrupia estrella de este libro, otro pistaco) y, encima, no puede contarle a qué se dedica porque no es como contar que te dedicas a coser bragas. Menuda tarea tiene por delante, porque Eliah es digno hijo de su padre, no se le pone nada por delante y lo que tiene con Matilde es un flechazo de libro, así que casi desde el principio sabe que tiene que tenerla para él (con ese sentimiento de posesión que tan palote nos pone en los libros pero que si nos pilla en la vida real nos hace salir corriendo del susto, todo sea dicho). Y Matilde es tan poquita cosa, tan tímida y apocada... Ninguna experiencia de las que ha vivido, ni su trauma por su **********, ni su matrimonio (¡ay la leche!) la han preparado para el torbellino de sentimientos y perraquismo que le va a despertar Eliah. Os podría decir que #TodasSomosMatilde porque, vamos a ver, con semejante maromazo estaríamos igual pero, chicas, dudo mucho que haya aquí alguna lectora tan tontalculo como ella.


Jean, sé que te duele pero tengo que decirlo

Con Matilde a punto he estado de desempolvar el hostiómetro. Entiendo todo lo que ella arrastra y que un hombretón como Eliah (un maromazo de pelo en pecho que no ofende su naturaleza árabe llevando plata en el cuello -yo con esto me desorinaba viva-) te saca las inseguridades hasta de debajo del salvaslip. Pero, de verdad, a veces me ha resultado excesivamente pesada y cargante. Eliah también tiene lo suyo con ese sentimiento posesivo y celoso que Matilde le despierta pero, mientras él es uno de esos personajes que llegan a tu corazón y a tu lista de maromos para quedarse (a pesar de lo complicado e imperfecto que es), ella te despierta muchas veces instintos asesinos agresivos (a pesar de lo buena y perfecta que es). Se menciona mucho que, a pesar de su fragilidad, es una tía con personalidad y que lucha por lo que quiere pero supongo que lo veremos más en el resto de libros, porque lo que es aquí... Parece que cuando toma una decisión lo hace asustada y sin ganas de afrontar las consecuencias. Eso sí, cuando es cuestión de domar la Boa de Fuego la melindrosa se vuelve guarronaca total y ahí tenemos que sacar el aplausómetro y los ventiladores xixiles a tope.


Y unos cubazos de agua que repongan la deshidratación sureña

De la trama de Caballo de Fuego os cuento poco porque es como intentar contar Dinastía en un tuit. Hay cosas relacionadas con Israel, con espionaje, con atentados, secuestros, asesinatos... La parte no amorosa se acabará relacionando con la amorosa pero, mientras la tensión sexual se resuelve demasiado pronto, la tensión del resto del libro engancha pero demasiado tarde y os va a hacer la picha un lío pero paciencia, queridas, que merece la pena llegar al final. Claro, que hasta que lleguéis allí... Es uno de los problemas que le he visto a este libro, que mete tanto tanto tanto que acabas con un mareo que ni en la olla loca


Pero terminado el libro la verdad es que todos esos pistos molan mucho. De hecho te llegas a plantear que han molado más que los pistos amorosos. ¡Eh, no os tiréis encima de mí! La trama amorosa es fantástica pero... Bueno, el libro es muy largo y se extiende demasiado sin que pase nada. A ver, pasa que los sentimientos evolucionan, se hacen más firmes... Es algo muy importante en los personajes, viendo de dónde vienen, pero parece que hay un momento en el que lo único que hacen es fol**r. Pero, claro, ¿le molesta eso a alguien? ¡A mí para nada! ¡¡Fo**ad, hermosos, fol**d como si no hubiera mañana!! Menudo atracón de polvos te arreas aquí. Y ajgdfjhsagfjlshaakhfakhgad de descripción media y gran intensidad, porque Eliah Al-Saud es como su padre y en las lides amorosas desboca su boa Caballo de Fuego interno y la pobre Matilde se queda que ni que le hubiera pasado un camión por encima.


Matilde tampoco aunque el xixi lo siente pero bien

He disfrutado mucho con los personajes secundarios, me parecen uno de los grandes aciertos del libro. Juana, la mejor amiga de Matilde, es la frputa ama del cotarro. Al principio pensaba que iba a ser una insoportable pero al contrario, es graciosa, está como una chota y es fiel y sincera. También aparecen los hermanos de Eliah (ay, Alamán💋y sus padres, por los que vuelvo a gritar mi amor eterno (¡qué acierto haber leído antes Lo que dicen tus ojos para poder disfrutar más de lo que nos comentan sobre ellos!). Y Bonelli nos brinda algunas historias de amor secundarias que me han sorprendido y encantado. Es una pena que con ellas se extienda tan poquito porque son pequeñas joyitas que engrandecen el libro.


Un brindis por ti, Florencia, chatunga

Pero si hay una cosa que no me ha gustado es que a veces da la impresión de que estás en El show de Truman porque la Bonelli te mete una sobredosis de marcas que alucinas. Me suele gustar que nos den detalles de ese tipo porque te imaginas que realmente los personajes existen pero, chica, repetir tantas veces las marcas no aporta nada y cansa. Ya sé que Eliah está forrado y que gasta pastones como yo kilos de laca pero no me lo repitas tanto porque no es necesario. ¿Me oyes, Bonelli? NO ES NECESARIO Y QUEDA CUTRE.


Esas cosas, Flo, NO

En fin, queridas, que he quedado encantada con mi primer rodeo sobre el Caballo de Fuego (grrrrrrrr) y en cuanto termine esta reseña me tiro como una loca sobre Caballo de Fuego. Congo, la segunda parte de la serie. No es Caballo de Fuego. París un libro redondo, como ya os he contado, pero la sensación que te queda tras leerlo es especial y bonita. Y para mí es eso lo que cuenta, que me quede contenta y con ganas de seguir leyendo sobre ellos, cosa que voy a hacer ahora mismito.

Por todo esto, le damos a Caballo de Fuego. París en nuestro Gandymetro...


Eliah, ven que yo cobijo a tu Caballo de Fuego


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martes, 8 de marzo de 2016

Magia dudosa, Laura Kinsale


Roderica Delamore posee el don de leer las mentes de todos los hombres, menos la del "conde diabólico", el único que le interesa. Inglaterra, 1797. Roderica Delamore, Roddy, posee el don mágico que heredan las mujeres de su familia: la habilidad de leer la mente de quienes las rodean. Es así como Roddy supo que su querido Geoffrey jamás la amaría. Tras este desengaño, Roddy renunció a su sueño de casarse y de formar una familia, y decidió dedicarse a su otra pasión: los caballos. Sin embargo, durante una carrera conoce a Faelan Savigar, el Conde Diabólico, un notorio calavera con sangre irlandesa cuyas conquistas continuas y ruina económica están en boca de todos. Sorprendentemente, el don de Roddy no funciona con Savigar. ¿Qué tiene de diferente este caballero?


Entrar en un libro de Laura Kinsale es casi como hacerlo en uno de la Lindsey, salvando las distancias. Y es que Laurita lo mismo nos hace arder las enaguas que nos cabrea como una mona. El caso es que no deja indiferente, porque sus temas no suelen ser los habituales en las novelas románticas de época: virginales damas en apuros salvadas por libertinos que se redimen. Los cabreos, por tanto, no vienen porque sea todo sota, caballo y rey y nos aburra por repetitivo y manido, sino porque a veces tiene sus escarceos con los canutos y no acierta con sus acostumbradas rarezas. Que el mundo ninja o un personaje incapaz de comunicarse están muy bien llevados en Sombra y Estrella o Flores en la tormenta respectivamente, mientras que la secta peligrosa y las ansias de venganza son para salir corriendo en El señor de la medianoche.



Hoy os traigo, queridas lectoras, otro de esos rarunismos de la Kinsale. En este caso ya la hierba era de calidad y dio un paso más allá: tema paranormal epoquero. Una señorita que lee la mente de todo el mundo y es capaz de sentir lo que los animales irracionales.




Pero, claro, habrá un macizorro a cuya mente no podrá acceder, un hombre con una reputación malísima, título nobiliario y al borde de la ruina. A pesar de eso, Roddy, la protagonista, lo verá como una salvación, porque al fin podrá estar con alguien cuyos pensamientos no se le metan en la cabeza (y sí en el xixi) y descansar de tanto ruido de fondo. Por conveniencia mutua, llegan al acuerdo de casarse y Dios dirá. Mas, ¿qué pasará, qué misterio habrá, para que sea imposible leerle la mente al llamado Conde Diabólico?



La verdad es que a la altura de más o menos un cuarto del libro ya tenemos mucho pescado vendido: casados, trocotró maravillosamente narrado y todo. Y yo pensando que qué se iba a sacar nuestra Laurita de la manga...


Y quien dice de la manga, dice de otro sitio

Pues celos por parte de ambos, ambigüedades, polvetes de esos que ella sabe describir (porque eso hay que reconocérselo) y una trama que no voy a revelar, pero que a mitad de libro está más embrollada que antes y ya no sabe una qué pensar sobre qué o quién es Faelan.


Digamos que la Kinsale, mientas fumaba, cogió la coctelera y metió en ella los siguientes ingredientes: la citada capacidad de la protagonista para leer mentes ajenas, el pasado incierto de Faelan, las represión inglesa en Irlanda, el mundo fae, la revolución agrícola del XVIII, los círculos de piedras donde se pierde la noción del tiempo... 


La Kinsale sufriendo los efectos de su combinado y el porrete de turno

Un revoltillo que hace que unas veces estemos en mitad de un conflicto político, otras plantando patatas y algunas en el reino de las hadas (sin macizos a lo KMM por allí, por cierto). 

¡Drustan a mí!

Ésta fue la tercera novela escrita por Laura y sigue con ese gusto tan suyo de personajes masculinos atormentados, pero menudo rollo patatero (nunca mejor dicho) termina siendo todo, con ese capítulo final de porro supremo que ni aclara ni deja de aclarar. Sintiéndolo mucho, y reconociendo a la autora que se aparte del consabido tema de niña rica que se lía con calavera y lo redime (esto, que yo sepa, no es lo típico en ella, repito), aquí no borda lo que parecía prometedor. Mucho enredo, capítulos que no sabes hacia dónde van, idas y venidas... En fin: una mansión con buenos muebles pero mucho desorden. Y un cerdo pululando por allí. 

Por todo esto, recibe en nuestro Gandymetro...


Faelan, estás hecho un lío y así no


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viernes, 4 de marzo de 2016

Secretos de una noche de verano (Wallflowers 1), Lisa Kleypas


Annabelle Peyton pertenece a una familia acomodada, tiene un nombre respetable, pero tras la muerte de su padre, la situación económica de su familia ha empeorado drásticamente y tienen serios problemas para subsistir por lo que es imperioso conseguir un marido de la nobleza que se haga cargo de la situación de su familia. A pesar de ser una joven de gran belleza no ha conseguido la tan ansiada petición de mano, pues no dispone de dote. Está en la que es ya su cuarta temporada y con no muy buenas perspectivas... hasta que las Wallflowers se unen en su objetivo...qué puede ocurrir?Simon Hunt proviene de una familia de clase media, de hecho es el hijo de un humilde carnicero, pero es un hombre ambicioso que ha luchado y escalado socialmente. Hoy en día es un hombre rico que invierte que numerosos negocios, se codea con los hombres más influyentes y adinerados del país, de hecho es amigo de Lord Westcliff y la nobleza solicita su consejo y opinión financiera. No obstante no es considerado un igual, nadie olvida su pasado, ni tampoco lo hace él.Simon es el único que muestra interés por Annabelle, pero él tampoco piensa en matrimonio, él no es de los que se casan, y cree que esperando pacientemente a que finalice la temporada y ella vuelva a fracasar en sus intentos de cazar un marido de la nobleza, podrá hacerla su amante...


Atención, atención, que venimos con la artillería pesada, capaz de despertarte el cerebro medio muerto un lunes por la mañana y los bajos a la vez (ya sé que es raruno que tengas calores internos un lunes por la mañana cuando vas a trabajar pero si vas leyendo este libro en el metro corres peligro de que se incendie el vagón). Y es que hoy viene a visitarnos la Lisa Kleypas que más nos gusta, la que te pone unas enaguas que van a terminar ardiendo por combustión espontánea, exactamente igual que nosotras.


Our bodies are ready for the trocotró lector

No hay baile enagüil que se precie que no tenga sus solteros codiciados, sus madres medio locas por colocar a sus hijas como mujer de uno de esos solteros, sus infieles persiguiendo mozas, sus parejas haciendo guarreridas por los jardines y sus floreros. Pero ojo cuidao que aquí los floreros no son únicamente recipientes para poner las flores sino esas chicas en edad casadera que se sientan a ver bailar a los demás y ven la vida pasar sin conseguir pescar marido


¡Que queremos follar enamorarnos!

Pero no por estar ahí plantadas como lechugas lo son. No, ellas tienen sueños e ilusiones y también ganas de disfrutar. Así que, tras coincidir demasiadas veces calentando banquillo en los bailes, nos encontramos a cuatro chicas que deciden que, si bien no les hacen caso, se pueden hacer caso entre ellas y pasar un buen rato (no, nada de tijeras, eh). Y así se conocen nuestras wallflowers, Annabelle, Lillian, Daisy y Evie, cuatro chicas que se hacen amigas y, a la vez, deciden ayudarse mutuamente a pescar marido. Como la edad no perdona y la que está más cerca de quedarse solterona es Annabelle Peyton es en ella en la que concentran sus esfuerzos. Annabelle necesita un marido con pasta rait nau, porque se le pasa el arroz y no tiene dote, que su familia está canina (vamos, que no tiene pasta). Desde que murió su padre, su madre se las ha arreglado como ha podido para mantenerlos a su hermano y a ella, haciendo cosas impensables para una persona decente. Por eso Annabelle está más desesperada aún. Pero su marido no sólo debe tener pasta sino ser noble como ella, justo lo que no es Simon Hunt, el hijo del carnicero que se ha convertido en un poderoso hombre de negocios y que cierto día le arreó a Annabelle un besarraco que la dejó con el modo desmayil bailando la conga.

Y con los ovarios así

Pero han pasado varios años y Annabelle evita constantemente a Simon, a pesar de que él tiene todo lo que ella necesita (boa dinero) y junto con sus floreros traza un plan para pillar a un lord como marido, que le daría todo menos lo que ella quiere (boa mariposas en el estómago). Y es que sabe que Simon sólo quiere meterla en caliente y hacerla su amante, porque para qué va a casarse si puede tenerlo todo sin comprometerse. Lo que Annabelle no sabe es que, si bien Simon quiere catarla de todos los modos más guarrers posibles, no ha sido capaz de olvidar aquel beso que le robó. Por supuesto eso no lo sabe nadie, ni siquiera su íntimo amigo lord Westcliff (al que ya conocimos en La antigua magia -sí, ese libro que adora todo el mundo menos nosotras-, era el hermano de la prota). Pero a Simon se la pela lo que digan los demás porque nadie le conoce. Tras ese sinvergüenza forrado surgido de la nada hay un adorafollable maravilloso que sabe cuidar a una dama, darle palique, jugar al ajedrez de modo que te den mareos y esconderse tras unas cortinas para darte lo tuyo y lo de tu prima. 

Simon le da jaque mate a tus bajos

Bueno, queridas, alabemos a Lisa Kleypas por hacer unas enaguas de calidad de las que nos gustan, fuertes, almidonadas y con olor a limpito, no de ésas que se clarea Santa Ana y están medio raídas. Si bien Secretos de una noche de verano no es lo más, es una pequeña delicia lectora, de ésas de hacer la croqueta como a mí me gusta. El hecho de ser la primera de la serie (La antigua magia es una precuela pero te lees ésta tan ricamente sin saber nada del petardo de la anterior) hace que se pierda una buena parte del libro en presentarnos a la cuchipandi floreril y explicarnos sus planes para ayudarse a pescar marido. Ojo que esta parte mola lo que pasa es que el dichoso beso con Simon ya te deja loca muy al principio y, claro, tú quieres más Simon y menos solteronas. Aún así, las cuatro chicas son geniales y disfrutas mucho con las ocurrencias del grupo. A pesar de ser éste el libro de Annabelle, podemos conocer a las otras tres chicas e intuir alguna relación, que me parece a mí que el estirado de Marcus va a oler a jabón americano en alguno de los libros...

Varios de éstos necesita Marcus

Acogemos con cariño en nuestras entretelas estas enaguas de la Kleypas que saben mezclar magistralmente la historia de amor de Simon y Anabelle y la de amistad de nuestras chicas con la descripción que se hace de la sociedad (Julia Quinn esto no es). La historia de amor es preciosa, Simon es un maromo inolvidable, perfecto como hombre, perfecto como amante, perfecto como enamorado. La amistad entre las chicas es fresca y divertida (vaya cuatro se ha inventado esta mujer). Y no huye de situarnos en la época, nos habla de cómo se van incorporando los nuevos ricos y de la decadencia de la alta sociedad, de la pobreza que muchos (como la familia de Annabelle) intentan ocultar. Ya sabemos cómo se la gastan las maestras a la hora de escribir, todo está metidito en su justa medida, descriptivo y sin quitar importancia pero sin ser crudo ni naif. Y todo esto escrito tan sumamente bien como lo sabe hacer la Kleypas cuando quiere. Yo sigo haciendo la croqueta de la felicidad mientras voy abriendo el siguiente libro...

Por todo esto y mucho más, le damos en nuestro Gandymetro...

4'5. Simon, yo te como el peón y tú me das jaque mate


COMPARTIR ES EL MEJOR CAMINO PARA QUE UN MAROMAZO LLAME A TU PUERTA
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