miércoles, 25 de junio de 2014

Nieblas de las Highlands (Serie Highlander 1), Karen Marie Moning


En el reino todo el mundo lo conoce como Halcón, legendario predador de los campos de batalla y de los tocadores de las damas. Ninguna mujer puede resistirse a sus encantos y ninguna ha conquistado jamás su corazón. Hasta que un hada vengativa hace caer a Adrienne de Simone del moderno Seattle a la Escocia medieval... Cautiva en un siglo que no es el suyo, absolutamente temeraria, franca y sincera, constituye un desafío irresistible para un bribón del siglo XVI.


Bueno, bueno, bueno... Comenzamos el lío de highlanders made in Karen Marie Moning con esta novela, el disparate supremo, pero que hay que leer sí o sí. Kim, que es una pro, ha leído todos los libros, pero me ha dejado el honor de reseñarlos a mí, que aún voy por el segundo y he de decir que la cosa va mejorando.

Lo que se dice morir de sobredosis highlandera

El argumento del primero ya ven que es sencillo: Sidheach James Lyon Douglas, conde de Dalkeith, apodado el Halcón (que nosotras llamaremos aquí Hawk), es un tiazo experto en domar halcones, tiene una boa de metro, es rey de las camas, amante experimentado, envidia de mortales e inmortales. A estos últimos no les hace mucha gracia el asunto, sobre todo porque se ha beneficiado a la mismísima reina de las hadas y eso pone celosones al rey y a uno de la corte feérica, El Bromista. Por eso deciden castigarlo de alguna manera, aprovechando una curiosa situación: el imprescindible amigo melofó de Hawk, llamado Grimm (al que no perderemos de vista), pide a una estrella que nuestro Don Juan se enamore de una mujer guapa, lista y blablablá, pero que ella no se rinda a sus encantos. ¿Y dónde encontrar una fémina así? Pues en el siglo XX, claro. Adrienne será la escogida por los malotes del reino de las hadas, una Pichote de mucho cuidado que ha vivido con un tiazo (y aún es virgen, ojo al dato) que la enamoró y le hizo la vida imposible, así que decide que pasa de calorros, que mejor señores tipo Paquirrín, que seguro que la tratan más amablemente. Por arte de magia (que por momentos parece lo de la tostadora mágica de Homer Simpson) se traslada al siglo XVI y allí tiene que hacerse pasar por la prometida de Hawk porque la real estaba como las cabras de Heidi y ha muerto, así que la familia de esa loca aprovecha el aterrizaje de Adrienne para endosársela a Hawk. Tatatachán, ya tenemos festival de malentendidos.

El nivel maromial de esta novela es altísimo. Para empezar, Adrienne conoce en primer lugar al melofó Grimm, que viene a casarse con ella en nombre de Hawk. A la zagala casi le da un patatús al verlo, así que él le pregunta si le parece tan ofensivo a la vista. Ella piensa que le parece "tan ofensivo como una fuente de fresas zambullidas en chocolate oscuro y cubiertas de nata montada". Ahí es ná. Lo que viene siendo un asco muy rico todo. Grimm, según sus propias palabras, es un sapo al lado de Hawk, y las lectoras estamos que nos morimos ya pensando en cómo será Hawk entonces...

Podríamos decir que Grimm es algo así como Henry Cavill

Adrienne no sabe cómo es su marido, pero si es más guapo que Grimm debe ser el tío que conoce en la herrería del castillo, un calorrazo con pechote al viento, kilt y sudor chorreante hacia la entrepierna. Pues no, no es Hawk tampoco (y no diré quién es para no hacer spoilers). Qué mala suerte tiene esta muchacha que levanta una piedra y se encuentra un tío bueno doquiera que va.

Señores que quieren meter su lanza de acero en el calor de nuestra forja

Cuando aparece Hawk, a Adrienne le da el perreque y repite una y otra vez su mantra: Odio a los tíos guapos, odio a los tíos guapos. Pero sabemos que es mentira, claro. Sobre todo si la casan con el más macizo de todos y a él le gusta ella y sus tontunas varias, fruto de su origen moderno. Y así estará la parejita, en un tira y afloja de atracción y tensión sexual no resuelta, aderezado con intromisiones del mundo fae, alguna ex amante de Hawk, pelea de boas en plan "a ver quién mea más lejos" y, sobre todo, unas cuantas escenas muy ÑADJSÑASHGAÑSDKFJSJHDGÑSLADJFSADAS llenas de aromas a macho, barbas que rascan y lengüetazos varios que nos ponen perracas y que vendrían a resumirse en dos momentazos: café y broch. Kim y yo hemos añadido a nuestro peculiar vocabulario una gran palabra que aprendimos leyendo esta novela: haggard. Somos haggards y queremos un Hawk que nos dome en el broch. Si quieren saber qué es eso, a leer todo el mundo Nieblas de las Highlands. Ah, y lo más importante: ¡¡¡sabremos qué hay debajo de un kilt!!!

¡Boa a la vista!

En cierto modo se nota que esta historia es la primera que KMM escribió y hay cierta torpeza para mi gusto, aunque la he disfrutado en sus partes más erótico-festivas, que no tienen por qué ser precisamente las de follisqueo sexo tal cual. Karen sabe lo que nos pone un buen achuchón, una buena comedura de tetamen, o un besarraco de los de lengua invasora y dominante. Peeeero tampoco nos gusta que nos escamoteen un buen polvazo, y más si sabemos que ha sido en una bañera y a base de refregones con aceites y tal. Ahí muy mal, querida. Te salvas por los momentazos a los que he aludido y por ese melofó que es Grimm.

Yes, guarrerida is coming!!!... ¿o no?

Por todo esto y a pesar de que Hawk nos descubre el secreto para que un kilt no sea una skirt, la novela obtiene en nuestro Gandymetro...

Hawk, queremos ser tus haggards

2 comentarios:

  1. Gran reseña, Cassie!
    Ya únicamente por los momentos café y broch merece la pena leerlo, aunque fatal que nos quiten un polvo que tenía pinta de ser ajfhakjhfskjhfdkjsahkjfhkjasf. Los viajes en el tiempo de Adrienne son un poco como de coña, la vedad, pero le doy su mérito, para ser su primera novela tiene un gran nivel. Y va mejorando!
    Besotes!

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    Respuestas
    1. Yo creo que el sentido del humor es una característica de KMM y aquí se nota bastante :)

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